viernes, 22 de febrero de 2013

PREMIOS OSCAR 2013: MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO


“Anna Karenina” diseños de Jacqueline Durran

Cuando se trata de crear diseños para películas de época pareciese que el vestuarista compilase y documentase sus obras basadas en lo que los cánones de ese espacio de tiempo en la historia le establece, esto es tomando como fuente directa los ejemplares que se utilizaron en ese periodo y recreándolo con la más perfecta fidelidad y austeridad posible. Pero si hay algo que caracteriza el vestuario en cuestión no es precisamente esa lealtad a su época. La fidelidad histórica no es algo que preocupe a la diseñadora Jacqueline Durran, artífice del vestidor de la nueva versión de Anna Karenina. En sus manos, los opulentos trajes de la Rusia imperial adoptan siluetas de la costura de los años 50. «Un híbrido de las dos eras», resume ella. Lejos de ser minimalistas, los vestidos de Anna respiran una elegancia diáfana, más propia de la moda de postguerra que de la corte rusa, donde el dramatismo se desarrolla en volúmenes medidos, cuerpos encorsetados, polisones y una colección de tocados contemporáneos. «Enfaticé la influencia de los años 50 para mostrar que no estaba cosiendo disfraces, sino creando un estilo propio». Incluso hizo un vestido en denim. El resultado: una versión estilizada –que no simplificada– del San Petersburgo de 1873.
 
 

Acertar con el vestuario de Anna no tenía por qué ser una tarea especialmente compleja. Al fin y al cabo, Tolstói dedicó mucha tinta a describir cada centímetro de tela. Hasta los accesorios y el peinado se documentan al detalle en el libro: «Anna no iba de lila, sino con un vestido de terciopelo negro cubierto de encaje veneciano que dejaba a la vista el cuello y los hombros. En la cabeza, entre los mechones de pelo negro –el suyo, sin adiciones falsas– llevaba una guirnalda de pensamientos y un bouquet de las mismas prendido con un lazo en el fajín. Alrededor del cuello, una hilera de perlas». Pero la visión de Joe Wright, el director, requería ciertos ajustes. «A Joe le gusta estilizar las cosas para que sean creíbles, pero también accesibles y atractivas para el ojo moderno. Como diseñadora de vestuario, mi trabajo es recrear su visión», aclara Durran.

Se necesita un auténtico visionario para hacer de un drama de época una declaración de moda». La historiadora Marketa Uhlirova, hablaba en términos generales, pero eso es exactamente lo que ha conseguido Jacqueline Durran. Puede que éste sea el trabajo que el próximo domingo le dé, por fin, el Oscar. Fueron sus otras dos producciones junto a Keira Knightley y Joe Wright, “Pride & Prejudice” (2005) y “Atonement” (2007), las que le dieron la nominación a la estatuilla; y la tercera promete ser la definitiva. «Solo estar nominada es un honor. Hago este trabajo porque es mi pasión. Disfruto cada momento, sea bueno o malo, fácil o difícil».



Como la clave de la producción de Joe Wright está fundamentada en la teatralidad, Durran simplificó los vestidos de la Rusia Imperial de 1873 despojándolos de ornamentos en beneficio de procurar la silueta y tomando como referencia la alta costura de los años 50. Durran dice que fue como coger un vestido de Dior y fusionarlo con otro de 1870 de Charles Frederick Worth.

Para diseñar el exquisito y estilizado vestuario, Durran se inspiró en ejemplares de famosos modistos como los franceses Dior, Lanvin, Jacques Faith y el español Balenciaga.

La paleta de colores empleado por Jacqueline para éste compendio va desde los tonos oscuros como el vino tinto, azul turquí y el mismísimo negro hasta los tonos pasteles. Uno de los trajes más celebrados es el suntuoso vestido de baile de tafetán negro con el Anna conquista a Vronsky y a los moscovitas. Se trata de un atuendo diseñado en corte asimétrico, toques de tul alrededor del cuello, cola recogida en el miriñaque y escote trasero muy pronunciado. Otros tres vestidos de similares características y diversos tonos fueron confeccionados para la protagonista del film, esto de forma simbólica para demostrar el deterioro anímico del personaje. La misma sensibilidad, algo anacrónica pero enormemente sugerente, justifica otra de las elecciones más mediáticas de Durran: todas las joyas que luce la protagonista son piezas auténticas de Chanel, tanto del archivo como de las colecciones actuales. El objetivo es producir una impresión de suntuosidad, riqueza y elegancia que enmarca el conflicto íntimo de Anna Karenina, y el resultado final es exquisito, imaginativo y repleto de detalles tan exuberantes como las pieles, los velos y los excéntricos tocados que luce el personaje interpretado por Keira Knightley.
 
“Los Miserables” diseños de Paco Delgado

 
Continuando con la estela de las producciones de época nos encontramos con la segunda nominada de la categoría: la portentosa versión cinematográfica de Tom Hopper sobre el clásico de Víctor Hugo. Ambientada en la Francia decimonónica en los tiempos de la revolución estudiantil contra la opresión del Estado, Delgado tuvo inicialmente que realizar una concienzuda documentación que le llevó a estudiar no sólo las indumentarias utilizadas en este periodo de la historia francesa, la paleta de colores tradicionales, costumbrismos, sino también a conjugar perfectamente el carácter expresionista de la producción con la teatralidad de la puesta en escena. Por supuesto, lo primero que llama la atención es la enorme dificultad y magnitud de diseñar el vestuario para una producción de estas dimensiones, que lleva a cabo con solvencia. Pero también vale la pena prestar atención a su tratamiento de los colores, al realismo con que recrea manchas, jirones, suciedad y también al claro simbolismo que subyace a su empleo de los colores de la bandera francesa. Por ejemplo, el personaje de Marius (Eddie Redmayne) para confeccionar su chaqueta encontraron una vieja tela en un mercadillo de Londres. Los partidarios de la revolución, contaba Delgado, llevaban escarapelas, con los colores de la bandera francesa. Este personaje era un miembro de la revuelta estudiantil contra la opresión del Estado. Los colores de la bandera aparecen en la chaqueta roja de Enjolras en la barricada, el vestido azul de Fantine en la fábrica, el vestido blanco de Cosette de su boda y la ropa de Valjean de vagabundo.
 
 
 
Cuidaron el detalle. A partir de 1840 los pantalones tenían botones, no cremallera. El color de los ojos de Eddie Redmayne, comenta el diseñador influyó en el tono del pantalón. Le costó tiempo lograr ese color, con muchas pruebas para conseguir el mismo tono azul, pero si te fijas coincide con el de sus ojos. El director Tom Hopper le pidió a Delgado que fuera fiel a la época en la que tiene acción la historia, el siglo XIX francés y al relato de Víctor Hugo. El diseñador consciente del tamaño de la empresa y la fidelidad histórica que le pidió el director, tomó como fuente de inspiración obras pictóricas de reconocidos artistas del siglo XVIII como Delacroix y Goya. Delgado afirma "Son el 90% de auténticos. Lo que cambiamos fue para hacerlo más atractivo en un musical".
Con Fantine (Anne Hathaway) trabajaron con telas ceñidas y usaron aerógrafos para oscurecer los lados de sus vestidos y hacer que pareciera más delgada de lo que estaba. Su transformación es como la de Valjean (Jackman). Lleva un sencillo vestido de muselina, a medida que se degrada su ropa está más sucia. Consumida por la tisis viste colores más oscuros.
Jean Valjean (Hugh Jackman) comienza con su uniforme de preso rojo, un color con el que los guardias veían a cualquiera que quisiera escapar. Es un convicto sin esperanza, con ropa burda, barba. Y va evolucionando al ser liberado, cuando es aceptado socialmente, con una paleta de colores más sofisticada: a elegantes trajes cuando se convierte en alcalde. Sufre una transformación física. Jackman también opinó: quería parecer más burgués y relajado al ser alcalde, por eso se le añadió relleno en la tripa, se le acolcharon los trajes.

 
 
 
 Para los trajes de los militares y oficiales, como el personaje de Russell Crowe, Javert, quisieron que no parecieran disfraces sino uniformes. No consiguieron encontrar el tipo exacto de algodón con el que se hacían los trajes. A diferencia de Jackman, la ropa de Crowe se va oscureciendo. Los dos hombres son la cara de la misma moneda, según Delgado, así que Javert pasa de un azul claro a un azul oscuro, casi negro.
Para la pareja cómica, casi al estilo “Sweeny Todd”, Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen, Delgado los compara con una especie de dúo a lo Don Quijote y Sancho. "La chaqueta probablemente la robase en una de sus guerras napoleónicas y pretendió hacerse pasar por oficial".
En el caso de Cosette (en la edad adulta Amanda Seyfried) se utilizaron colores muy frescos y brillantes y tejidos con flores, con un toque romántico. De niña lleva harapos, mientras que Eponine parece una muñeca.. Diez años después es todo lo contrario. "Es como Alicia en el espejo, comenta Delgado, cada una ha cruzado al otro lado".
En general se mejoraron los colores. Para retratar estos casi 33 años de historia, han participado sastres de hasta cuatro países: Inglaterra, Francia, Italia y España. Se han producido hasta 2.200 trajes, la mayoría para retratar las hordas de mendigos ("prostitutas, convictos, monjas, ricos, pobres", explicaba en el pressbock del filme). "Confeccionábamos los vestidos y luego los destruíamos para que parecieran viejos, como si hubiesen sido usados durante 10 años". Usaron procesos químicos como blanquearlos y decolorarlos, haciendo agujeros y lijándolos. A veces, usaron sopletes para quemar el tejido.
"En una película de época se intenta reproducir la realidad con la mayor precisión posible. Pero al tratarse de un musical, una situación irreal de por sí, hemos intentado introducir algo de fantasía". Un trabajo magnífico que podría ser premiado en la próxima ceremonia de los Oscar.
 
“Lincoln” diseños de Joanna Johnston

 
Si entre la lista de nominados de este año hay una diseñadora que se le deba de reconocer por su intimista, detallado, pormenorizado y meticuloso trabajo esa es Joanna Johnston. Colaboradora habitual en el cine de Spielberg y Zemeckis, Joanna pasó varios meses estudiando hasta en el más mínimo detalle cada uno de los aspectos que caracterizaron la moda estadounidense de 1850, donde la crinolina estaba en su época dorada y los diseños voluminosos eran la constante.
El grado de realismo de la propuesta de Joanna fue el resultado de una gran jornada de documentación que incluyó un curso de tres semanas bajo la orientación de la biógrafa Catherine Clinton, autora del libro “Mrs. Lincoln” de la editorial HarperCollins. Otras fuentes y referencias utilizadas por la diseñadora fueron las colecciones del Museo de Historia de Chicago, la biblioteca del Congreso, el centro Presidencial Rutherford B. Hayes y el Instituto Smithsonian.
 
 
 
 Los estilos presidenciales de la familia Lincoln eran opuestos, según concluye la diseñadora, mientras que el presidente obviamente no estaba interesado en la moda, su esposa fue criticada por gastar demasiado en ella. “Mary Todd no fue una gran observadora pero creo que su exceso de armazones, adornos, prendas, tocados y sombreros le ayudaron a establecer un estilo”, “Me fascina”, subraya Joanna. 
El reto, dice, es que la primera dama y la actriz encargada de representarla no se parecen entre sí. “Sally es demasiado delgada. Teníamos que poner un poco de grasa en ella”, dice. Joanna encontró un vestido en el Museo de Historia de Chicago y trabajó con el director de la colección Meghan Smith para ajustar los detalles a la fisionomía de la intérprete. Joanna y Meghan encontraron que el modelo conseguido en el museo chicaguense tenía 30 pulgadas en la parte más reducida de la cintura por lo que Sally Field tuvo que someterse a una estricta dieta (engordar) para solventar la diferencia.
Sólo hay una parte del cuerpo de Sally que revela su verdadera identidad y son sus brazos, ya que si se revisan fotografías de la época se verá a una Mary Todd Lincoln con unos guantes que parecen cortarle la normal circulación de la sangre en sus regordetes brazos. “Sally no es así en absoluto”, dice Johnston.
Para diseñar el vestuario de Daniel Day-Lewis, Joanna aprovechó la similitud tanto del actor como del personaje histórico en relación a la estatura y fisionomía (ambos delgados). El punto de partida comenta la diseñadora, fue un retrato del Instituto Smithsonian. "Me obsesioné por el espacio entre la tela y el hombre. Tenía este vacío donde confluye la tela y la carne. Yo estaba fascinada por la forma en que iba a traducir eso en un objeto tridimensional. "
Su sastre, Michael Sloan le ayudó en las distintas facetas a las que tuvo que someter prendas como los abrigos para darle ese acabado pesado y denso observado en los retratos. Ella se apartó de la precisión histórica de su encargo, sin embargo: en 1865, los abrigos formales de hombres habrían sido exclusivamente negro, pero el color es difícil en pantalla. Para romper la densidad, dio al elenco distintos tonos lóbregos aproximándose al negro. Para Lincoln, eligió un color marrón oscuro. (Originalmente, se había imaginado su abrigo de color verde).
 
 
Teniendo en cuenta que transcurría la mitad del siglo XIX, Joanna decidió crear un look fuerte para cada personaje masculino. "En ese momento, habría tenido un levita, tal vez dos corriendo en un momento dado. La gente no tenía una gran cantidad de ropa como lo hacen ahora. No tenían tintorería. Eso no quiere decir que encontró un período carente de estilo. La diseñadora dice que quedó tan enamorada de las curvas del siglo XIX que quisiera hacer una línea de ropa basada en la época.
También se interesó en accesorios de Lincoln. "Era un hombre zapatos grandes", dice ella. "Las personas dijeron haber escuchado la parte posterior de sus zapatillas batiendo mientras se dirigía por el pasillo." Aquellos que han visto la película también pueden recordar que él era un hombre apasionado por las capas. Al descubrir la envoltura del presidente en el Museo de Historia de Chicago, Johnston agregó una reproducción al guardarropa de Lincoln. "Daniel hizo su propio estilo, y creo que es simplemente perfecto."

“Mirror Mirror” diseños de Eiko Ishioka

Luego de tres recorridos por diseños inspirados en una época concreta de la historia de la humanidad, válgame decir que en hechos y fuentes reales, llegamos a la primera cinta nominada a mejor vestuario ambientada en el mundo de la fantasía. “Mirror Mirror” dirigida por Tarsem Singh y protagonizada por Julia Roberts y Lily Collins está ambientada en el fantástico y malvado mundo de Blancanieves idealizado por los hermanos Grimm.

En lo que ha sido calificado como la mejor elección de Singh para esta producción, Eiko Ishioka popular diseñadora japonesa, fue contratada por el equipo de producción de Relativity Media para que estuviera al frente del departamento de vestuario de este film. Como cabría esperar del enorme derroche creativo de esta gran artista los resultados no sólo sobrepasaron las expectativas de los productores sino que se convirtió en un personaje tan o más importante que los mismos actores encargados de darle vida a esta comedia.



Hablar de Eiko Ishioka es hablar de la que ha sido la diseñadora de vestuario más prodigiosa de las últimas décadas, autora de un trabajo tan absolutamente icónico como fue Dracula de Bram Stoker de Coppola, que le valió el Oscar en 1993 y que hoy en día sigue siendo un auténtico hito. Dotada de una extraordinaria creatividad, Ishioka se prodigó poco y, en las últimas décadas, firmó apenas un puñado de excelentes trabajos para películas en ocasiones tan irregulares como Teresa, el cuerpo de Cristo o La celda. Falleció tristemente a principios del año pasado, poco después de ultimar el que ha resultado ser su último trabajo, una personal recreación del cuento clásico de Blancanieves repleta de fantasía y de hallazgos visuales.
 
 
 
Cuentan las crónicas de rodaje que Ishioka concluyó este proyecto con un enorme esfuerzo, en medio de sus sesiones de quimioterapia. Sin embargo, el trabajo que vemos en la pantalla es el de una creadora en pleno dominio de sus facultades, que se enfrenta al género fantástico sin las ataduras del historicismo y transita sin esfuerzo desde el colorido rococó que viste la Blancanieves adolescente hasta la suntuosidad (y la exageración) de los vestidos de la Reina interpretada por Julia Roberts.

“Cuando comienzo el proceso de diseño, mi primera tarea es enfrentarme a una hoja de papel en blanco y dejar que mi mente vague por lo que quiero expresar”. Así definió alguna vez Eiko Ishioka su proceso de creación, el que para los críticos tenía mucho de particular. Primero estaban sus referentes, la cultura de posguerra y la influencia de nuevos cines como la nouvelle vague y el neorrealismo italiano. Junto a ello se encontraba la tradición milenaria de Japón y la autodisciplina, la que Eiko consideraba fundamental para la creación: “Un creador que no desarrolle la autodisciplina no realizará una obra interesante e innovadora durante mucho tiempo”.

Aparte de la clara influencia barroca que caracteriza este guardarropa también podemos encontrarle muchas alusiones a la naturaleza que realiza utilizando estampados de flores y tocados que asemejan las plumas de los pavos reales. Los modelos se caracterizan por enormes faldas, manguillas y cuidados cortes en la parte superior.
 
 

En este impecable trabajo hay sitio también para volúmenes que recuerdan al mejor Balenciaga (la prodigiosa capa amarilla que Blancanieves lleva en el bosque), para extravagantes adornos navales, para el origami y los plisados que revelan los orígenes nipones de Ishioka, y también para el vestido haute couture del baile de gala de Blancanieves, un vestido de cisne que, paradójicamente, ha terminado siendo el canto del cisne de una creadora única y excepcional en el ámbito del vestuario escénico. Pero no sólo merecen atención los modelos diseñados por Ishioka para Roberts y Collins, también quedarán para la posteridad los más de 300 vestidos que confeccionó a mano para la escena en que tiene lugar el casamiento de la Reina malvada, se trata de diseños muy variopintos que asemejan un look operístico y exuberante con colores vibrantes, con predominio de figuras geométricas. Para el baile de disfraces se crearon 10 máscaras pintadas de animales para los invitados, en vez de usar las más habituales. Los peinados tenían que estar en proporción con los trajes. Por ejemplo, si un vestido tenía un polisón que sobresalía un metro del cuerpo, la peluca tenía que tener la misma proporción y ser lo suficientemente alta para que parezca fuera de lo común.

La paleta de colores empleada por la diseñadora va desde los tonos pasteles y celestes (para la dulce Blancanieves) pasando por los dorados, plata y rojo sangre (para la malvada reina) hasta los verdes, fucsias, naranjas, morados (de los extras).

Eiko Ishioka consideraba que su trabajo no era llamar la atención con sus particulares diseños, sino que reforzar y animar el vocabulario visual de una película. “Me gustan los diseños innovadores y monumentales, no los que se limitan a explicar la historia o los papeles al público y no van más allá. Yo quiero crear otra cosa: avivar la imaginación del público, estimular sus ojos y conmover su espíritu”. Sin duda al ver el vestuario que diseñó para Blancanieves podemos decir que su último trabajo lo logró con creces.

Como complemento a los extraordinarios vestuarios diseñados por Eiko cabe resaltar que la famosa casa de cristales Swarovsky proporcionó toda la pedrería que adornan los atuendos.


“Snow White and the Hunstman” diseños por Colleen Atwood

La segunda propuesta del género de la fantasía viene capitaneada por una de las vestuaristas más veterana y prodigiosa de la industria cinematográfica. Estamos hablando de la talentosa Colleen Atwood que hace dos años se llevó su tercera estatuilla dorada por el vestuario de “Alice in Wonderland”. En esta oportunidad al servicio de Rupert Sanders, Colleen se sumerge –como si no tuviera credenciales en el género- en otra producción ambientada en el mítico, mágico y popularmente conocido reino de Blancanieves, eso sí, una versión mucho más oscura y adulta que la realizada por Singh.



Como cabría esperar de unas manos tan creativas, la diseñadora nos ofrece un compendio de obras que más allá de lo estéticamente hermoso y atractivo al ojo humano, representan caracterizaciones y distintivos que identifican al personaje a lo largo del metraje. De esta forma la paleta de colores empleado por la vestuarista va sufriendo transformaciones en la medida que el personaje evoluciona dentro de la historia. Para el vestuario de la reina Ravenna (interpretado por Charlize Theron) Colleen principia con gamas que oscilan entre los beige, plateados, luego pasa a tonos lánguidos y lóbregos hasta llegar a matices sombríos y tenebrosos. Aunque la causa incluyó el diseño de centenares de armaduras de corte medieval como las de Blancanieves y el Cazador, el verdadero proceso creativo y la licencia de obra prominente se dio en la fase de creación del estupendo vestuario de la malvada reina.

Para el personaje interpretado por Charlize, Colleen confeccionó una docena de trajes cuya característica más importante es que fueron elaborados meticulosamente a mano por su equipo de colaboradores. Uno de ellos, el manto que Ravenna utiliza para desaparecer mediante una bandada de cuervos, fue la primera prenda que la diseñadora finiquitó para la producción ya que el departamento de efectos visuales tuvo que hacerle tratamientos para elaborar la espectacular escena en la que sufre la transformación. El manto, adornado con más de 400 plumas de gallo previamente recortadas una a una para darle una presencia más espeluznante le tomó a la modista más de cuatro semanas en finalizarlo. Su costo, aproximadamente unos $32 mil dólares. Esta prenda que se convirtió casi en una insignia de la película fue fraccionada para conservar la forma original del diseño de Colleen. Sin embargo el vestido más bello puede ser el del casamiento de Ravenna con el padre de Blancanieves, el Rey nefasto. Se trata de un vestido de “inspiración arquitectónica severamente encorsetado” tal como lo define la diseñadora. Confeccionado con tejidos traídos directamente de París y adornos en oro importados desde Italia, este vestido se caracteriza por los ribetes de cuero de los pliegues de su falda y las estructuras de pergamino de sus mangas que simulan los huesos de un esqueleto. El vestuario de la reina solo puede describirse como asombroso.
 
 

El equipo de Colleen Atwood buscó telas por todo el mundo, desde caparazones de escarabajos tailandeses, pasando por telas hechas en Turquía y lentejuelas fabricadas en China, hasta cotas de malla diseñadas en el Reino Unido, pero hechas en India, así como joyas muy especiales diseñadas por la famosa Cathy Waterman. Sin duda, un despliegue impresionante, cuyo resultado es simplemente asombroso y absolutamente perfecto.

Para el personaje de Blancanieves interpretado por Kristen Stewart, Colleen tenía muy claro que no podía ir vestida de rojo, azul y amarillo como la princesa de Disney. Atwood diseñó un traje con un look más moderno que podía adaptarse a las diferentes etapas de la película. El traje que lleva Blancanieves durante gran parte de la película está confeccionado con un precioso fieltro verde realizado de varias capas, con unas mallas debajo para que la actriz pudiera moverse libremente durante el rodaje y así evitar reajustarlo constantemente. Empieza siendo un vestido largo, pero en el viaje, el cazador decide acortarlo para la seguridad de la princesa.

A medida que el personaje cambia, también cambia el traje. Colleen Atwood diseñó una armadura que permitiera a Kristen moverse fácilmente para así poder montar a caballo y luchar. La idea era que a diferencia de otras personificaciones cinematográfica no fuera una dulce niña sino una aguerrida joven, por lo que sus prendas tenían que poseer la versatilidad suficiente para que se desplazara por los bosques sin inconvenientes. Por lo que debajo de sus lánguidos vestidos se colocaron pantalones de cuero y botas. Luego tras la huida de su presidio y al convertirse en líder de la revolución contra la Reina Ravenna  su ropaje fue más pesado con formas duras y colores grisáceos para representar así el espíritu bélico de la joven heroína.


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